Te quiero por puntual
Porque sabes exactamente donde quedarte quieta y
dejar que te admire
Y con pasos firmes avanzas sabiendo hacia donde
girar
Te quiero porque estas siempre a tiempo para
rescatar mi vida
Y a la hora exacta en que te imaginaba, tú ya
estabas tocando a la puerta
Empapada en el sudor de la tormenta y diciendo
sonriente ¨Nadie debe pasar solo las noches lluviosas¨
Te quiero porque sabes cuando tengo hambre y
cuando estoy cansado
Y sin titubear me tiendes un chocolate a la
boca, tu regazo en mi cabeza o las estrellas a la noche
¿Cómo no quererte?, si a la hora exacta en que
las olas del mar mecen la luna
Es cuando me dices que me amas, y no dilapidas
el tiempo en esperar respuesta
Pues un beso me cierra la boca y en ese arrebato
de exactitud
Nacen mil luciérnagas entre los arbustos de una
ciudad que solo he visto en sueños
Eres precisa y constante, como las manecillas de
un reloj me cuentas los días,
Los minutos, en que las sonrisas se han desbordado
de mi rostro para ti
Y los retablos de memoria en que estuve vivo
para verte amarme irremediablemente
Van cayendo como sombras en los números
ilegibles de mi reloj de sol
¿Como no quererte en este momento exacto?, a la
hora en que leas la hora
¿Como no precisar que es este segundo de la
creación el más perfecto y extenso?
y no termina de girar el mecanismo del reloj, ni
se ha movido la manecilla de su sitio
porque no importa que ocurra cuando el tiempo
reanude su marcha cansada e infinita
hoy te amo sin final, aunque mi impuntual amor
acabe por quitarte el tiempo
y entre tres puntos suspensivos te llevo
cargando el recuerdo, puntualmente
domingo, 2 de junio de 2013
martes, 16 de abril de 2013
Papel...
A veces sobre
el viento, naufragando invisible donde la brisa
Trozos de
papel, recortes viejos, muñones del diario matutino en la fragancia de concreto
Y a ratos,
montados en esos jirones alados manchados de tinta
Viajan mis
poemas, se los tragan las coladeras, se enredan en los postes o se estampan a
la acera
Algunos días
antes de dejarlos partir, les escribo tu nombre, les doy consuelo antes de
morir
Diciéndoles
que al cruzar la esquina has de leerlos y no es locura mi obcecación
Que el mundo
ama y vive de versos pues la basura que arremolina el viento,
Viento
caliente y corrosivo de ciudad, no son sino versos y cuentos que recorren el
mundo
Acariciándolo
como la lengua que febril recorre la piel de un amante prohibido.
Esto que lees,
desafinada nota que me crece del piano en los dedos
Es nota de
papel que tuve a capturar entre mis manos
Homúnculo de
alas que ruega por volar con Ícaro hacia la muerte
Que no se
conforma con perderse a su suerte por los callejones ruinosos de mi mundo
Buscándote
entre sueños para despertar su tinta temblorosa que pregunta dónde encontrarte
Y voluntariosa
se asoma a mi escritorio para contarle al mundo que te extraño en demasía
Con manos
temblorosas sobre unos ojos llenos de nostalgia cuando te alejas
Y que cada
noche digo tu nombre para que los demonios del insomnio me dejen dormir.
Ya sin poder
soportarlo, entre mis dedos que se queman de inquietud
No queriendo
cargar las palabras en el nudo mojado que se me forma en la garganta
Ten entonces
estas letras, entre tus brazos de consuelo arrópalas
Porque no
hacen sino querer compartir contigo el amor que me fulmina las entrañas
Y yo ya no
hago sino morir de angustia cual eco que se va desvaneciendo a la distancia
Esperando lo recibas en tu corazón al otro lado del abismo.
lunes, 8 de abril de 2013
Arañas
Se asoman por los
cerros frios y nublados del sur
No, no… crecen del
suelo, tapizan de patas peludas y negruzcas las coladeras
O quizá nacen del
silencio, cuando nadie mira en los rincones sucios del armario que nadie revisa
Sé que arrebatan el
sueño de los niños cuando están por dormir
A veces cuelgan de
sucios hilos grises que entretejen a los espacios vacios
Y se te pegan al
cuello como tumores o garrapatas
Una vez las observé en
el cadáver de la abuela, una le bailaba en la cuenca del ojo
Y muchas otras le
brotaban de la boca tiesa, congelada y abierta como un zaguán
Donde los hilos
malditos le temblaban tímidamente entre los dientes
No… no me mire de ese
modo, ellas estaban esa otra noche entre sus piernas
Yo las vi agolparse
como un puño negruzco y viscoso al devorarle
Les tenía tanto miedo,
ella me lo dijo varias veces
Burlándose de
nosotros, aparecían en la regadera del baño mirándonos boca abajo
Subían a su falda o
dejaban una marca roja y purulenta en sus hombros de leche
Doctor, se la llevaron
de mi… al menos, le arrancaron del pecho un enorme trozo
Cuando despiertos a
media noche nos besábamos sudorosos, le marcaron un camino en el vientre
Arremolinadas en su
nuca se mecían impunes por el ébano de sus cabellos
Aglutinaban a sus
huestes en sus labios mientras yo las combatía con mis manos inútiles
Ella no gritaba, ella
no miraba en mí ser, ni se refugiaba entre mis brazos
Amigo mío, esas
malditas, doctor
Ese lunes por la
mañana vi unas pocas, muertas tras la ventana, seco su esqueleto
Y sus patas
quebradizas como una astilla, y su tela deshecha y enredada
¡Qué bueno!, que bueno
que habían muerto
Pero al girar la cabeza
hacia su lecho
Y al mirarla, sus
cabellos aún de ébano, y sus hombros de leche cobijaban su vientre de miel
Doctor… lo devoraron;
seco y quebradizo como una astilla, hueco y ponzoñoso como un aguijón
No me quería, sus
manos ahora cual grises y peludas patas se arrastraron hacia aquél agujero
Y me miraba boca
abajo, burlándose de mí, diciéndome que no me amaba
Las piso, las arrojo
al fuego o les arranco sus asquerosas y pegajosas patas
Las odio, las odio cuando han tenido la culpa de
todo
Y se mofan chillonas,
y me dejan colgando de fiebre en la cama por el veneno
Las mato, debo
matarlas y arrancarles esa sonrisa estúpida del rostro
Que no se metan en mi
boca para acallar la voz
Ni suban por el
vientre para devorarme las entrañas cuando caigo víctima del miedo
Que no me toquen
doctor, que no se columpien de mis ojos
O se atrevan a sentenciarme
a esa muerte vacía y dolorosa como a mi amada
¡No!, ¡por favor!, le
suplico con las rodillas al suelo, ¡que no me lleven!
Que no me encierren
donde ellas se abultan silenciosamente entre los muros
Juro que es verdad, juro
que observan mientras nos ven forcejear inútilmente
Doctor, amigo,
confidente… que no me arrastren dolorosamente al olvido
Quítenmelas de encima,
aplástenles el alma con los dedos o el talón del zapato
Que no me arranquen el
corazón las arañas
jueves, 14 de febrero de 2013
Un poema en San Valentín ¡¡ (PD: no es muy rosa que digamos)
Se despierta al canto
de ladridos y ambulancias
Ese que no soy yo, ese
que sin muy animoso esfuerzo se cepilla los dientes al espejo
Y mira indiferente al
televisor, rojas masacres de pueblos estériles y oprimidos
(Y sabes que te amo a toda hora de la pared sin
ventanas)
Se desviste luego del
café matutino
Entra somnoliento a la
regadera, como un cadáver que se sumerge en el rio
Y se pone a pensar en
su muerte, a contar las gotas de agua que le resbalan por el cuello
(Te amo al chorro de agua hirviendo, en la
cicatriz de mi hombro te acaricio los labios)
Se alista para salir
al mundo, anudada la corbata y planchado el pantalón, secas las lágrimas,
Y maquillada la
tristeza, anudado también el cuello a la cabeza y la mente al inconsciente.
Se dispone a recorrer
la avenida, a descontarse paso a paso más minutos de la vida.
(Al salir de casa me despido de tu voz, y en algún
lugar del mundo tú no sabes que he partido)
Corre al puente
peatonal, ya va tarde diez minutos, unas horas, quizá unos cuantos meses
Se pregunta entonces
“¿hace cuanto que se fue?”… ya no importa, ya va tarde
Estira el brazo, sube
a un taxi, muerde media manzana y se inquieta mientras mira su reloj
(A destiempo, como siempre, mi alma necia me pide
una vida más, para seguirte amando)
Al llegar a su destino
se da cuenta de haber olvidado el bolígrafo y dejar en casa el corazón
Se pasa horas enteras
leyendo, pensando, comiéndose al mundo entre páginas amarillentas
Y el frio que cala
entre los dedos le recuerda que debe de volver a algún lugar, a cierta hora
(Y he de morirme amando, arrugado el semblante, mi
canción sobreviviente ha de buscarte)
Se recuesta entre las
sabanas, pareciese que en minutos le corrieron los años por encima
Está cansado, muy
cansado de estar vivo, de perderse el eco vago de su risa
De no cargarte entre
sus ojos, de no morir de sueño y no caer de viejo
(A ese costo he de pedirte audiencia, a ese paso
he de vivir mi vida, dedicada a tu retrato)
Y a las dos de la
mañana, se ha quedado perdido entre la gente
Afuera, siendo uno más
de entre las masas, con el paraguas abierto en la parada de autobús
Incapaz de soltar en
llanto, tocando a la puerta, pidiendo un trozo de pan en mi ventana
Y yo regreso, en las
madrugadas melancólicas le robo a hurtadillas el cuerpo
Y me trepo en la
azotea a mirar la luna, y a cantarte sin consuelo
A mandarte besos entre
nubes que no miras y contarte melosamente mi penar
A cantarte que te amo entre las paredes de mi encierro
Entre muros y cal, atravesando vigas y granito
Yo te amo, vida de mis años, espejo de mi última
sonrisa
Cuando el mundo llega a su final consumido por la
noche
Te amo por el día en que estuvimos juntos
y cuando tus labios suspiran por alguien mas
si un día, mas lejos de mi vida, te decides a
quererme
Entonces aunque no lo digas, yo también te amo
Cuando el tiempo se detenga en este arrítmico
corazón
Te amo como ultimo recuerdo de estos pasos por el
mundo
En tus nupcias, el nombre de tus hijos, el hombre
que te quiera
Amo todo lo que a tu vida signifique más que yo
Amo tanto tu ser, tu nombre y las silabas que lo
componen
Te amo cuando duele y se vuelve imposible seguir
de pie sin caer en llanto
Te amo vida mía, te amo eternamente entre los baladies
segundos del día
En que el primer rayo de sol acaricia el suelo
y yo ya no
existo, soy otro entonces,
Ese que sin
muy animoso esfuerzo se cepilla los dientes al espejo
lunes, 4 de febrero de 2013
Mariposa
La otra noche vi luchar a una mariposa en llamas fuera de
mi ventana
Se fue quedando sin fuerzas estampándose veinticinco
veces contra el vidrio
Pequeñas huellas de ceniza polveaban delicadamente el
cristal sudoroso
Al otro lado del marco el bosque ardía, los perros y los
niños ardían en la noche tornasol
Un día te miré quemándote al sol en el parque
tu corazón en llamas revoloteaba encerrado entre tus
costillas
Tus brazos, lacerados muñones de órganos de anhelo que
acariciaron mi rostro
Y el viento de la tarde que avivaba el fuego entre tus
cabellos rojizos
Se fue quedando dormido cuando tus cenizas se esparcieron
en mi cielo.
¿Porque tu alma bella se desgarraba en jirones?
¿Por qué le entregaste al cielo tu amor y a las estrellas
tus pensamientos?
Te vi morir y renacer ese día, a la media noche volvías a
arder el mundo
Eras ave que había perdido el norte e interrumpido su
canto de sueño
Mariposa cuyas alas brillantes llegaron a esta vida
arrugada y sin tiempo
Luciérnaga en llamas, botón de flor, ángel que descendió un domingo al infierno
Te sueño, en esta habitación polvorienta que solo recorren
mis pasos por la madrugada
Quizá también estoy ardiendo, y le regalo cenizas de mi
amor a la lámpara
y mis besos al cristal en que te miro dar de golpes,
estamparte repetidamente
Desesperada luchando por no consumir tus alas ante el
fuego de esta vida sin consuelo
Quizá ya estamos esparcidos por el mundo, dándole de
comer a las palomas
Encerrados en la vieja ventila de un edificio
o esparcido por el pavimento o en un charco de lodo
Anteayer te recuerdo clavada en estos ojos
Así te deshagas o te vuelvas el polvo irreconocible de
estas manos sin nombre
Eres mariposa, y tus alas pintan de mil colores
El cielo aspero y melancólico de la ciudad sin nombre
en que hemos nacido.
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