domingo, 2 de junio de 2013

Puntualidad

Te quiero por puntual  
Porque sabes exactamente donde quedarte quieta y dejar que te admire
Y con pasos firmes avanzas sabiendo hacia donde girar

Te quiero porque estas siempre a tiempo para rescatar mi vida
Y a la hora exacta en que te imaginaba, tú ya estabas tocando a la puerta
Empapada en el sudor de la tormenta y diciendo sonriente ¨Nadie debe pasar solo las noches lluviosas¨


Te quiero porque sabes cuando tengo hambre y cuando estoy cansado
Y sin titubear me tiendes un chocolate a la boca, tu regazo en mi cabeza o las estrellas a la noche

¿Cómo no quererte?, si a la hora exacta en que las olas del mar mecen la luna
Es cuando me dices que me amas, y no dilapidas el tiempo en esperar respuesta
Pues un beso me cierra la boca y en ese arrebato de exactitud
Nacen mil luciérnagas entre los arbustos de una ciudad que solo he visto en sueños

 
Eres precisa y constante, como las manecillas de un reloj me cuentas los días,
Los minutos, en que las sonrisas se han desbordado de mi rostro para ti
Y los retablos de memoria en que estuve vivo para verte amarme irremediablemente
Van cayendo como sombras en los números ilegibles de mi reloj de sol

 
¿Como no quererte en este momento exacto?, a la hora en que leas la hora
¿Como no precisar que es este segundo de la creación el más perfecto y extenso?
y no termina de girar el mecanismo del reloj, ni se ha movido la manecilla de su sitio
porque no importa que ocurra cuando el tiempo reanude su marcha cansada e infinita
hoy te amo sin final, aunque mi impuntual amor acabe por quitarte el tiempo
y entre tres puntos suspensivos te llevo cargando el recuerdo, puntualmente

martes, 16 de abril de 2013

Papel...



A veces sobre el viento, naufragando invisible donde la brisa

Trozos de papel, recortes viejos, muñones del diario matutino en la fragancia de concreto

Y a ratos, montados en esos jirones alados manchados de tinta

Viajan mis poemas, se los tragan las coladeras, se enredan en los postes o se estampan a la acera


Algunos días antes de dejarlos partir, les escribo tu nombre, les doy consuelo antes de morir

Diciéndoles que al cruzar la esquina has de leerlos y no es locura mi obcecación

Que el mundo ama y vive de versos pues la basura que arremolina el viento,

Viento caliente y corrosivo de ciudad, no son sino versos y cuentos que recorren el mundo 

Acariciándolo como la lengua que febril recorre la piel de un amante prohibido.


Esto que lees, desafinada nota que me crece del piano en los dedos

Es nota de papel que tuve a capturar entre mis manos

Homúnculo de alas que ruega por volar con Ícaro hacia la muerte

Que no se conforma con perderse a su suerte por los callejones ruinosos de mi mundo

Buscándote entre sueños para despertar su tinta temblorosa que pregunta dónde encontrarte

Y voluntariosa se asoma a mi escritorio para contarle al mundo que te extraño en demasía

Con manos temblorosas sobre unos ojos llenos de nostalgia cuando te alejas

Y que cada noche digo tu nombre para que los demonios del insomnio me dejen dormir.


Ya sin poder soportarlo, entre mis dedos que se queman de inquietud

No queriendo cargar las palabras en el nudo mojado que se me forma en la garganta

Ten entonces estas letras, entre tus brazos de consuelo arrópalas

Porque no hacen sino querer compartir contigo el amor que me fulmina las entrañas

Y yo ya no hago sino morir de angustia cual eco que se va desvaneciendo a la distancia

Esperando lo recibas en tu corazón al otro lado del abismo. 




lunes, 8 de abril de 2013

Arañas



Se asoman por los cerros frios y nublados del sur
No, no… crecen del suelo, tapizan de patas peludas y negruzcas las coladeras
O quizá nacen del silencio, cuando nadie mira en los rincones sucios del armario que nadie revisa

Sé que arrebatan el sueño de los niños cuando están por dormir
A veces cuelgan de sucios hilos grises que entretejen a los espacios vacios
Y se te pegan al cuello como tumores o garrapatas

Una vez las observé en el cadáver de la abuela, una le bailaba en la cuenca del ojo
Y muchas otras le brotaban de la boca tiesa, congelada y abierta como un zaguán
Donde los hilos malditos le temblaban tímidamente entre los dientes
No… no me mire de ese modo, ellas estaban esa otra noche entre sus piernas

Yo las vi agolparse como un puño negruzco y viscoso al devorarle
Les tenía tanto miedo, ella me lo dijo varias veces
Burlándose de nosotros, aparecían en la regadera del baño mirándonos boca abajo
Subían a su falda o dejaban una marca roja y purulenta en sus hombros de leche
Doctor, se la llevaron de mi… al menos, le arrancaron del pecho un enorme trozo

Cuando despiertos a media noche nos besábamos sudorosos, le marcaron un camino en el vientre
Arremolinadas en su nuca se mecían impunes por el ébano de sus cabellos
Aglutinaban a sus huestes en sus labios mientras yo las combatía con mis manos inútiles
Ella no gritaba, ella no miraba en mí ser, ni se refugiaba entre mis brazos

Amigo mío, esas malditas, doctor
Ese lunes por la mañana vi unas pocas, muertas tras la ventana, seco su esqueleto
Y sus patas quebradizas como una astilla, y su tela deshecha y enredada
¡Qué bueno!, que bueno que habían muerto
Pero al girar la cabeza hacia su lecho
Y al mirarla, sus cabellos aún de ébano, y sus hombros de leche cobijaban su vientre de miel 
Doctor… lo devoraron; seco y quebradizo como una astilla, hueco y ponzoñoso como un aguijón
No me quería, sus manos ahora cual grises y peludas patas se arrastraron hacia aquél agujero
Y me miraba boca abajo, burlándose de mí, diciéndome que no me amaba

Las piso, las arrojo al fuego o les arranco sus asquerosas y pegajosas patas
Las  odio, las odio cuando han tenido la culpa de todo
Y se mofan chillonas, y me dejan colgando de fiebre en la cama por el veneno
Las mato, debo matarlas y arrancarles esa sonrisa estúpida del rostro
Que no se metan en mi boca para acallar la voz
Ni suban por el vientre para devorarme las entrañas cuando caigo víctima del miedo
Que no me toquen doctor, que no se columpien de mis ojos
O se atrevan a sentenciarme a esa muerte vacía y dolorosa como a mi amada
¡No!, ¡por favor!, le suplico con las rodillas al suelo, ¡que no me lleven!
Que no me encierren donde ellas se abultan silenciosamente entre los muros
Juro que es verdad, juro que observan mientras nos ven forcejear inútilmente
Doctor, amigo, confidente… que no me arrastren dolorosamente al olvido
Quítenmelas de encima, aplástenles el alma con los dedos o el talón del zapato
Que no me arranquen el corazón las arañas





jueves, 14 de febrero de 2013

Un poema en San Valentín ¡¡ (PD: no es muy rosa que digamos)



Se despierta al canto de ladridos y ambulancias

Ese que no soy yo, ese que sin muy animoso esfuerzo se cepilla los dientes al espejo

Y mira indiferente al televisor, rojas masacres de pueblos estériles y oprimidos



(Y sabes que te amo a toda hora de la pared sin ventanas)



Se desviste luego del café matutino

Entra somnoliento a la regadera, como un cadáver que se sumerge en el rio

Y se pone a pensar en su muerte, a contar las gotas de agua que le resbalan por el cuello



(Te amo al chorro de agua hirviendo, en la cicatriz de mi hombro te acaricio los labios)



Se alista para salir al mundo, anudada la corbata y planchado el pantalón, secas las lágrimas,

Y maquillada la tristeza, anudado también el cuello a la cabeza y la mente al inconsciente.

Se dispone a recorrer la avenida, a descontarse paso a paso más minutos de la vida.



(Al salir de casa me despido de tu voz, y en algún lugar del mundo tú no sabes que he partido)



Corre al puente peatonal, ya va tarde diez minutos, unas horas, quizá unos cuantos meses

Se pregunta entonces “¿hace cuanto que se fue?”… ya no importa, ya va tarde

Estira el brazo, sube a un taxi, muerde media manzana y se inquieta mientras mira su reloj



(A destiempo, como siempre, mi alma necia me pide una vida más, para seguirte amando)



Al llegar a su destino se da cuenta de haber olvidado el bolígrafo y dejar en casa el corazón

Se pasa horas enteras leyendo, pensando, comiéndose al mundo entre páginas amarillentas

Y el frio que cala entre los dedos le recuerda que debe de volver a algún lugar, a cierta hora



(Y he de morirme amando, arrugado el semblante, mi canción sobreviviente ha de buscarte)



Se recuesta entre las sabanas, pareciese que en minutos le corrieron los años por encima

Está cansado, muy cansado de estar vivo, de perderse el eco vago de su risa

De no cargarte entre sus ojos, de no morir de sueño y no caer de viejo



(A ese costo he de pedirte audiencia, a ese paso he de vivir mi vida, dedicada a tu retrato)



Y a las dos de la mañana, se ha quedado perdido entre la gente

Afuera, siendo uno más de entre las masas, con el paraguas abierto en la parada de autobús

Incapaz de soltar en llanto, tocando a la puerta, pidiendo un trozo de pan en mi ventana



Y yo regreso, en las madrugadas melancólicas le robo a hurtadillas el cuerpo

Y me trepo en la azotea a mirar la luna, y a cantarte sin consuelo

A mandarte besos entre nubes que no miras y contarte melosamente mi penar



A cantarte que te amo entre las paredes de mi encierro

Entre muros y cal, atravesando vigas y granito



Yo te amo, vida de mis años, espejo de mi última sonrisa

Cuando el mundo llega a su final consumido por la noche



Te amo por el día en que estuvimos juntos

y cuando tus labios suspiran por alguien mas



si un día, mas lejos de mi vida, te decides a quererme

Entonces aunque no lo digas, yo también te amo



Cuando el tiempo se detenga en este arrítmico corazón

Te amo como ultimo recuerdo de estos pasos por el mundo



En tus nupcias, el nombre de tus hijos, el hombre que te quiera

Amo todo lo que a tu vida signifique más que yo



Amo tanto tu ser, tu nombre y las silabas que lo componen

Te amo cuando duele y se vuelve imposible seguir de pie sin caer en llanto



Te amo vida mía, te amo eternamente entre los baladies segundos del día

En que el primer rayo de sol acaricia el suelo

y  yo ya no existo, soy otro entonces,

 Ese que sin muy animoso esfuerzo se cepilla los dientes al espejo

Y mira indiferente al televisor…

lunes, 4 de febrero de 2013

Mariposa



La otra noche vi luchar a una mariposa en llamas fuera de mi ventana
Se fue quedando sin fuerzas estampándose veinticinco veces contra el vidrio
Pequeñas huellas de ceniza polveaban delicadamente el cristal sudoroso
Al otro lado del marco el bosque ardía, los perros y los niños ardían en la noche tornasol

Un día te miré quemándote al sol en el parque
tu corazón en llamas revoloteaba encerrado entre tus costillas
Tus brazos, lacerados muñones de órganos de anhelo que acariciaron mi rostro
Y el viento de la tarde que avivaba el fuego entre tus cabellos rojizos
Se fue quedando dormido cuando tus cenizas se esparcieron en mi cielo.


¿Porque tu alma bella se desgarraba en jirones?
¿Por qué le entregaste al cielo tu amor y a las estrellas tus pensamientos?
Te vi morir y renacer ese día, a la media noche volvías a arder el mundo
Eras ave que había perdido el norte e interrumpido su canto de sueño
Mariposa cuyas alas brillantes llegaron a esta vida arrugada y sin tiempo
Luciérnaga en llamas, botón de flor, ángel  que descendió un domingo al infierno
Te sueño, en esta habitación polvorienta que solo recorren mis pasos por la madrugada
Quizá también estoy ardiendo, y le regalo cenizas de mi amor a la lámpara
y mis besos al cristal en que te miro dar de golpes, estamparte repetidamente
Desesperada luchando por no consumir tus alas ante el fuego de esta vida sin consuelo

Quizá ya estamos esparcidos por el mundo, dándole de comer a las palomas
Encerrados en la vieja ventila de un edificio
o esparcido por el pavimento o en un charco de lodo

Anteayer te recuerdo clavada en estos ojos
Así te deshagas o te vuelvas el polvo irreconocible de estas manos sin nombre
Eres mariposa, y tus alas pintan de mil colores
El cielo aspero y melancólico de la ciudad sin nombre en que hemos nacido.